Recorro los minutos sin encontrar una solución
a mi falta de perfección frente a tu imaginario.
Entro y salgo de cuadros de ansiedad
y labios moribundos llenos de lujuriosas ideas.
Busco calor de hogar
un poco de machismo
que me haga sentir importante
y solo encuentro frio.
Aunque no es fácil de explicar
suelo ahorcar mis frustración
pero ya no encuentro un lugar para ocultar mis muertos.
¿Me convertí en un absurdo?
Juego con la cortina deseando
que aparezca la luz
que te despierte, que me ilumine
la luz que me haga recordar aquellos años donde amarte
era más fácil porque tú también lo hacías.
Pronto la sombra se hará más pequeña
Hablo con mis muertos
y dejo claro mi desprendimiento
Me abrazan en silencio y se marchan
¿A dónde irán? ¿A dónde van los recuerdos?
Un hombre sin sombra se diluye en el silencio.
Por: Jorge Iván Avendaño