paco te quiero – hay un pez naranja en el suelo del metro | Crítica

Próxima estació, Drassanes. Tiembla el suelo de la ciudad condal confundiendo a los turistas que van por la calle para el Maremágnum. ¿Un seísmo? Como barcelonés, una parte de mi les diría que sí para aprovechar y hablarles de la música local que más resuena aquí. Mentira piadosa, o mejor dicho, acto de amor, como el de paco te quiero. Así se llama esta banda de BCN (son seis músicos), que avanza como un convoy shoegaze de alto voltaje y que emerge desde la oscuridad de los túneles de la incertidumbre; la suya y, en Paralelo, la de la ciudad. Su historia parte de un grupo de estudiantes de cine que saltan al arte musical en 2022, primero con versiones de grupos, luego con sencillos, EPs y finalmente con un álbum debut donde el término verde se acaba quedando en la L3. Se titula «hay un pez naranja en el suelo del metro» (Heksinkipro, 2026) y expone una idea musical que, entre garabatos eléctricos, dibuja una identidad.

Las probabilidades de supervivencia de un pez rodeado de asfalto es casi nula, pero digamos que en este trabajo la banda tampoco baraja devolverlo al Aquàrium. En otras palabras: abrazan con descaro una nostalgia pictórica, sonora y letrística declarada. No es de cartón piedra: es la que están viviendo, sin más. Fuera queda cualquier concepto decorativo o ambage cinematográfico que busque darle un valor añadido y, por otro lado, hacerles descarrilar. Como mucho encontramos alusiones directas, como la maravillosa Filmoteca, que lo único que busca es situarnos en el escenario, en este caso en un Raval que ya no tiene a su querida Casa Leopoldo. Espíritu naíf es lo que respira esta colección de canciones de sombra alargada. Mucho amor o mucho desamor, frustración, enajenación, sentimientos que sobrepasan y que se derraman en el continente de un disco que no ha sido diseñado para servir de pecera musical.

Si socavamos en los cimientos del género, vamos dando con distintas referencias que se abren a nuestro paso como tesoros arqueológicos. Desde una primera capa inmersiva que asfaltaron grupos de Barna como AGOST, pasando por el indie rock de alquitrán de las primeras Mourn, y llegando, no muy lejos, al panot de flor que un día tan bien esculpieron Apartamentos Acapulco en ‘Y tú en Barcelona’. Más atrás, o más abajo, quedan los suelos donde The Pains of Being Pure at Heart o Yuck reinventaron el dream pop de guitarras. Y si tiras hasta el tope, das con el shoegaze fosilizado de Slowdive (escuchad ‘te quiero, te quiero‘). Pop de guitarras o guitarras haciendo pop, da igual cómo lo combines. Es una descripción reduccionista pero que al mismo tiempo se puede dar gracias a que las gargantas de Gloria y Lucía se posicionan con protagonismo en su sonido volcánico, donde por cierto el productor barcelonés Adrià Marva (frontman de GYOZA y guitarra de gira de Cala Vento) ha aportado visión y expertise.

Estamos ante un disco (sub)terrenal que reúne todas las condiciones de debut: poco filtro y una intuición que se percibe desde Trinitat Nova. Irónicamente, dentro de la escala de grises oscuros que traen en él, la banda no se ahoga en sus penas. Al revés: paco te quiero te saca un naranja binaural lleno de vida cuando en realidad admite que «la vida les ha sobrepasado» o luchan por sobrellevar un «amor» que está a una distancia igual que de Barcelona a Madrid. Con ese optimismo enmascarado podemos decir que ya no pasarán más trenes para ellos porque ahora ya van en uno. Y no sé si es rápido o lento, pero algo está claro: es modelo larga distancia.

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