El tiempo pasa y aquí seguimos hablando de corrupción, horas extra y jefes que creen que merecen un busto. Eso siempre ha movido a la banda canadiense Cola igual que movió a su anterior grupo, Ought. Consecuencias de formar parte de una sociedad moderna oprimida, manipulada y esclavizada, que la distopía se convierte en tu motor artístico. Su frontman Tim Darcy además ya vaticinaba que acabaríamos interactuando como robots bastante antes de que llegara la IA. Un melómano vidente. Ahora, con tres discos en su haber, en lo musical era de esperar que, tal y como va la vida, el trío haya seguido con el plan de instalarse en su cuarto kafkiano y dar nuevas capas de pintura. Eso es lo que vuelve a pasar en «Cost Of Living Adjustment» (ajuste del coste de la vida), título de su tercer álbum que explicita el acrónimo del propio grupo (COLA) y que estoy seguro de que se revela por primera vez en la gran mayoría de la audiencia. Y aquí la primera cuestión: ¿El aumento salarial está contrarrestando la inflación de nuestras economías? La pregunta va en serio, o no.
El tema es tan cachondo y espeluznante como Samsa viéndose transformado en un escarabajo pelotero al despertar en «La Metamorfosis». En otras palabras: las letras de Tim Darcy reflejan con arte propio la degradación del valor humano. Esgrime argumentos abstractos en letras que a ratos son auténticos galimatías, pero aún así la idea de que esto se ha ido de madre llega a la perfección. Ya pasaba con «Deep in View» (2022) y «The Gloss» (2024), que donde no llegaba el lenguaje propio, lo hacía el código musical. Y ahí es donde Cola brillan, también en este tercer disco. En trasladar una idea a través de un estilo que se apoya en el motorik beat (ritmos que parecen programados por máquinas industriales), en una forma de cantar consumida (Dry Cleaning mood) y en los juegos de disonancias que nadie quiere ni espera, pero que llegan. Irónicamente, la banda tiene un gran poder de encajarlo en canciones que se equilibran melódicamente y que se salen constantemente del molde.
Por la melodía abrazable del primer tema del disco, ‘Forced Position‘, nadie pensaría que lo que contiene es pura explotación laboral. «Solo a tiempo parcial, pero a doble velocidad, escribiendo notas privadas en pantallas gigantes, opiniones impulsivas de fantasiosos» se revela en una canción que en realidad ya nos advertía desde su titular. «El poder lleva a la locura y a la afortunada ceguera«, repite en ‘Haveluck Country‘, en lo que parece ser una metáfora de la política arcaica que no se posiciona ante el crimen. Son algunos de los extractos más literales de un álbum cuyo discurso se ha vuelto más directo sin dejar de ser opaco. Y en esa condición de «no sé qué quieres decir pero te entiendo» entra en juego un sonido implacable, ligeramente más refinado que los trabajos anteriores. Hablamos de guitarras en bucle que se acercan de lejos a lo Yo La Tengo (‘Conflagration Mindset‘), de bajos que dan cuerpo y van por libre (‘Satre-torail‘), de ¿mandolinas? que encajan tan bien como cualquier invento de Bradford Cox (‘Fainting Spells‘), de cantos -pocos- que buscan armonizar deliberadamente (‘Polished Knives‘) o de temas que sellan un sonido que se remonta a los noventa y al krautock pero en un contexto actual (‘Skywriter’s Sigh‘).
Si «Cost Of Living Adjustment» fuera un álbum con vocación de hits creo que perdería su propio sentido. De hecho, los cuatros singles adelantados no lo son, pero muestran su potencial desde cuatro puntos de vista muy distintos. Una síntesis perfecta de una banda que se sale todo el rato de lo establecido, sin renunciar a su sonido y a lo que quiere contar con su música. ¿Existiría Cola en un mundo sin desigualdad?