Los polvos mágicos de Cigarettes After Sex tienen un efecto musical reparador. Lo decimos en presente, pero también con la mirada puesta en 2017, el año en que la banda de Texas debutó en largo con uno de los revolcones pop más elegantes de la escena. Pese a las super producciones, su mirada siempre fue creíble: lo de “Cry” (2019) y ahora lo de “X’s” (Partisan Records, 2024) no es sólo vicio por el dream pop envuelto en sábanas. Resulta que su tercer disco es lineal, continuista, más de lo mismo, pero con todo conserva su brillo. Porque sobre la monotonía de una misma postura pondera la química. Los helicópteros no están ni se les espera.
“X’s” vendría a ser un nuevo piti del mismo cartón que estrenaron en 2012 con su EP “I.”. Es decir, que toda la parte de innovación y creatividad sonora se la vuelven a fumar hasta las uñas. Eso sí, cabe comentar que detrás de esta nueva referencia porno (lo digo por ese plural de equis que lo titula y algún que otro guiño lírico) hay un relato del cantante Greg González lleno de amor y vacío, e inspirado en una ruptura de 4 años de relación. Cigarettes After Sex entonces explora y mucho en lo que respecta a la profundidad de sus sentimientos, así que ‘X’s’ es también la ex y todo eso que deja de ser. El concepto puede parecer antagónico a hacer el amor y al abrazo (así describe González su forma de cantar) sin embargo sobre los rigores sonoros de la banda veremos rápido que también encaja.
Para valorar los detalles de la conocida arquitectura sonora de este disco hay que entrar desde las letras. Partiendo de la balada pop que se mira en los 70 – 80, González recapitula y aborda diferentes frentes de la fallida relación. Primero, sacando el lado bueno de ese amor imperfecto (‘X’s‘) y luego, situándonos en la tierra de origen del cantante con una ‘Tejano Blue‘ que busca ser un poco Cocteau Twins. Después pasa por recordar escapadas con las que quería dejar atrás sus problemas de pareja (‘Hideaway‘), peleas de cuando estaban de vacaciones (‘Dark Vacay‘) y momentos de madurez en los que reconoce la plenitud de todo el amor dado y recibido tras la relación (‘Baby Blue Movie‘). De hecho, este último tema es una referencia directa a una película de porno softcore que se emitía hace años en la televisión canadiense. Al igual que su anterior obra, donde por ejemplo encontrábamos vínculos de subgénero erótico del manga japonés, el sexo sigue siendo un eje vertebrador y de estímulo para construir estas esferas pop, en apariencia, muy iguales entre sí.
La falta de innovación no importa teniendo en cuenta el propósito de este disco y en el fondo la naturaleza de una banda que como mucho viralizará en Reels porque a la gente le habrá caído en gracia un fragmento que funciona con sus cosas. En cambio sí espera conectar con estados de ánimo que necesiten una manta (o ahora mejor una brisa). Sus 10 largos temas -ninguno baja de los 3 minutos-, consuelan. Y es que prestando más o menos atención, reducen a cenizas el dolor que conlleva un desencuentro amoroso sin dejar rastro de amargura. Como buenos misioneros, han cumplido nuevamente con su misiva: que escuchar un disco de música sea un acto vital de placer.