Bofirax – Fading Lights | Crítica

Una gran parte del valor de un disco reside en la circunstancia. ¿En qué momento ve la luz una obra? La respuesta en ocasiones lo determina todo. Lo vemos, por ejemplo, en el caso de Adrià Serarols, alias Bofirax porque con él no partimos de un lienzo en blanco, más bien al revés. Lo conocimos musicando fiestas universitarias en directo hace más de 12 años, construyendo el ambient de citas relajadas, y desde entonces una sucesión de EPs, singles, colaboraciones, obras audiovisuales se han ido manifestando como derrames de inquietudes. Mucho tiempo pero no tantos álbumes ha publicado, si nos ponemos a contar, dos: uno en 2018 y otro el que ha lanzado ahora, llamado ‘Fading Lights‘ (Montebello, 2026). Aquí el factor tiempo es ineludible: ¿por qué ahora después de tantos años? No hemos hablado personalmente con él, pero uno diría que es porque artísticamente ha encontrado su sitio.

Lo de este artista tiene mérito. Es de las pocas propuestas electrónicas que se ha hecho un hueco en el circuito alternativo catalán, y por extensión, estatal. Seguramente se explica por su vocación minimalista, a oídos de muchos, una especie de James Blake discreto con más tendencia a los ambientes que a las melodías. «Fading Lights», producido por el propio Adrià y masterizado por Borja Ruiz, se describe por sí solo como una analogía audiovisual. Vemos el rostro de Adrià evaporándose como las propias canciones que componen el LP, dado que se encuentran en constante transición. Y eso es precisamente entre lo que se ha estado debatiendo Adrià todos estos años: entre la concreción y la expansión. Este disco transita dirección hacia lo segundo.

Entre un Kiasmos paisajístico (‘Beams‘), la elegancia de un Olafur Arnalds (‘Girs’) y el canto atávico de nuestro amigo Blake (‘Hold On’) avanza este ejercicio de electrónica minimalista y bohemia de lujo. Al frente, como decía, el camino lleva a la música de club. Y el recorrido se traduce en un agradable pasaje donde vemos la marca Bofirax consolidada: un Adrià cuya voz ya figura como un elemento clave más, con un concepto visiblemente personal (ahí están algunos temas sellados en catalán) y un pulso que sigue siendo el mismo que cuando le conocimos. Contención, amagos que podrían dar pie a estados de catarsis, pero que nunca se hinchan ni deshinchan en exceso. El álbum se enfoca en grandes cambios vitales como la pérdida (‘Plor’) y la desorientación («I can’t find my way in this catastrophic day‘ canta en ‘Catastrophic Day’) aunque ‘Fading Lights» se siente como un álbum templado, para nada oscuro.

Hablábamos antes de la circunstancia. Si este fuera su disco debut, obviamente sonaría igual de bien. Pero se da el caso, como tantísimos otros grupos de la escena, que este álbum existe gracias al heroico trabajo de perseverar y sobrevivir en una industria súper precaria. La necesidad vital de seguir adelante con una carrera musical es muchas veces imparable. Este disco es un regalo que en otros casos no hubiera existido.

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