Como hemos visto en los dos ensayos anteriores, un sistema “demasiado perfecto” no tiene margen de error. Al introducir un poco de “ruido” o variabilidad, el sistema se vuelve mucho más estable ante las perturbaciones externas.
La creatividad misma parece nacer de un combinado de conocimientos previos inyectados con algo de caos. Es difícil llegar a una idea novedosa pensando solo dentro de unos marcos ya conocidos y estrictos. Se trata de romper la caja. En el mundo de la creatividad es famosa la idea de pensar por “fuera de la caja”.
¿Qué es la caja? No es más que el orden, la lógica y las expectativas predecibles que recorre nuestro cerebro para ahorrar energía.
El efecto del caos: al introducir una dosis controlada de desorden, nos obligamos a abandonar las rutas habituales y a llegar a nuevos espacios de pensamiento. El caos actúa como un obstáculo inesperado que obliga a saltar fuera de él. Tres ejemplos históricos de inyección de caos son:
- Francis Bacon, antes de empezar a pintar, en algunos casos, chorreaba un líquido sobre el lienzo. Esa mancha fortuita lo obligaba a pintar teniéndola en cuenta.
- El Wabi-sabi es la técnica tradicional japonesa que celebra la belleza de lo imperfecto y de lo inacabado.
- Miguel Ángel Buonarroti dejó algunas de sus esculturas sin terminar. Uno no sabe si fue a propósito, pues se trata de su serie de Esclavos y estos parecen no poder liberarse de la piedra. Son obras que lucen fuera de su tiempo: clásicas y, al mismo tiempo, actuales.
Edward de Bono, creador del concepto de “pensamiento lateral”, sugería técnicas que son básicamente caos provocado; por ejemplo, elegir una palabra del diccionario al azar para intentar resolver un problema técnico. Tratar de conectar dos conceptos que no tienen relación lógica funciona como un potente motor de creatividad.
En la escritura o la pintura, el caos permite que aparezca la serendipia, ese hallazgo afortunado que ocurre cuando no se está buscando nada específico, sino simplemente dejando que los elementos interactúen sin tratar de controlarlos.
Los productores de música usan funciones de “cuantización imperfecta” para mover los golpes musicales unos milisegundos fuera de lugar. Esa pequeña desviación del tiempo perfecto es lo que el cerebro humano percibe como swing o “sentimiento”. Sin esa imperfección, la música no conectaría con nuestro ritmo biológico, que también es inherentemente irregular.
En el libro Creatividad e inventiva, retos del siglo XXI (de mi autoría en compañía de Antonio Vélez), exploramos los distintos caminos y mecanismos conocidos para aumentar la creatividad. Daré algunos ejemplos de serendipia sacados del libro.
“En la transcripción del poema The poets know the names of the seas (Los poetas conocen los nombres de los mares), de Wystan H. Auden, el impresor cambió involuntariamente poets por ports. Así, el nuevo título, The ports know the names of the seas (Los puertos conocen los nombres de los mares), modificó por completo el sentido; sin embargo, el autor prefirió esta versión por considerarla más bella. En la creación humana ocurren con cierta frecuencia estos errores afortunados.”
Existe la hipótesis de que el cerebro posee un generador de azar como parte de sus rutinas cognitivas implicadas en la creación; es decir, de manera espontánea hace variaciones al tema que tiene en mente. No es un rasgo exclusivamente humano, también los cerebros de los animales lo hacen: dice en el libro Creatividad e inventiva que “Un pájaro atrapado frente a una ventana de vidrio vuela de un lado al otro en busca de una salida; un perro que debe cruzar una cerca imposible de superar también la recorre en ambas direcciones en busca de una puerta o de un punto flaco”.
El escritor y ensayista Arthur Koestler pensaba que los descubrimientos de la ciencia no se creaban ex nihilo (desde la nada) ya que combinan, relacionan e integran ideas, hechos y contextos asociativos ya existentes, pero previamente desconectados. La fecundación cruzada, creía, parece constituir la esencia de la creatividad y justifica el empleo del término bisociación.
En conclusión, la idea de que el desorden controlado puede ser en algunos casos preferible al orden absoluto es un principio fascinante de la ciencia moderna que se aplica hoy a campos tan distintos como la medicina, el arte, la arquitectura, la computación y la ecología.
Ana Cristina Vélez
Estudié diseño industrial y realicé una maestría en Historia del Arte. Investigo y escribo sobre arte y diseño. El arte plástico me apasiona, algunos temas de la ciencia me cautivan. Soy aficionada a las revistas científicas y a los libros sobre sicología evolucionista.