Hace poco vi la película “Mente maestra” en Mubi.
Un carpintero de clase media estadounidense, desempleado y que alguna vez quiso ser artista planea y ejecuta con éxito el robo en el museo de Massachusetts.
“Mente maestra” se desarrolla en los años 70, cuando el robo a los museos dio paso, según la historia del arte, al mercado del arte.
Entonces, este hombre que no es admirado por su familia, organiza una banda para que, a plena luz del día, se robe pinturas de Arthur Dove, pionero del arte abstracto en Norteamérica, aunque luego se dedicó al collage.
De “Mente maestra” me gusta que Josh, el protagonista, no cumple con el prototipo de ladrón.
Así como el arte abstracto muestra el mundo de una forma no tradicional, “Mente maestra” se nutre de él para presentar este robo con una estética pausada, un ritmo que se parece más a la visita en un museo que a la adrenalina del robo y la persecución.
Hay muchos silencios y se presenta al museo como un espacio solitario al que asiste este hombre al que le gusta el arte, claramente, y uno que otro estudiante, mientras el celador duerme porque nadie se atrevería a robar un museo, ¿no?
Y surge la pregunta de cómo las pinturas se convierten en dinero en efectivo, dando paso al coleccionismo y al mercado del arte.
Lilian Contreras Fajardo
Periodista con maestría en Estética e Historia del Arte. Asesora de comunicaciones y free press. Reseño exposiciones y películas en @liarteconarte.