Marta Quiñónez, entre paredes y ríos.

Existe el debate de si es necesario separar la obra del autor, irremediable si nos atenemos a los cánones occidentales; en un mundo contemporáneo donde lo sintiente constituye también parte del legado humano, que junto al intelectual permite comprender el mundo en un contexto más amplio, es posible no separar jamás la obra del autor.

Esto, para hablar de Marta Quiñónez, la mujer y la autora. Quizá en ella se resume esa bella expresión de la filósofa y escritora española María Zambrano cuando afirma: “La razón poética es el pensamiento que no renuncia a la vida”, porque es lo que siento y presiento cuando evoco a Marta, la mujer extrovertida, la mujer que se vuelve huracán con su presencia, la mujer irreverente que es capaz de romper todos los convencionalismos sociales para expresar sus pensamientos.

Pero es también la Marta que se pone contemplativa, cuando escucha al universo, absorta en sus pensamientos, de tal manera que, frente a ese huracán que emerge súbitamente, puede aparecer Marta meditativa que pareciera pensar detenidamente lo que va a decir, no para decir una sarta de palabras sin sentido, sino para desprender la palabra como si fuese filigrana.

La conocí cuando tuve la fortuna de dirigir una de las versiones del Festival de Poesía Aurelio Arturo en La Unión, Nariño; jamás habían llevado voces afrocolombianas, menos aún de mujeres, de tal manera que fue la oportunidad para que un territorio romantizado, casi hasta la exacerbación —como puede dar testimonio la propia Marta— del poeta nariñense, en cuyo territorio los habitantes se quedaron repitiendo el remoquete de que ahí “el verde es de todos los colores”, olvidaran toda la interioridad que puede sustraerse de su Morada al Sur

Sí, la morada que es sinónimo de casa. Fue ahí donde recibí de sus propias manos ese poemario construido, literalmente, con sus manos y con su pensamiento poético: la necesidad de tener un refugio, un lugar donde ser, amar, dejar de ser y desamar… Casa es una evocación también literal a la forma como Marta busca honestamente conseguir sus propias cosas, construida poco a poco en la palabra y en la existencia real:

Ese espejismo en gris ocre
esa necesidad de morada
ese anclarse a la tierra
como árbol
La casa.

Casa es una invocación al espacio para habitar, ¿acaso la patria y sus despojadores, que privan a muchos de esos sueños, lugar donde habitan nuestros muertos, lugar de deseo de los despojados y empache de los despojadores? De todas formas, lugar, porque “El alma necesita un lugar donde recogerse”, vuelve a anunciar María Zambrano.

En Agua Prieta, Marta hace una perpetua metáfora de este país de ríos, de serpientes que reptan por la memoria de quienes lo habitamos. Para ella es el Atrato, para mí es el pedregoso Guáitara, pero también el Telembí —esmeralda desleída—, que desemboca en el Mira, para unirse en los mares de Colombia sin olvidar el camino, memoria líquida que es vena y arteria en un país que olvida fácilmente.

Agua Prieta no es la descripción romántica del agua en vertiente. Al contrario, es la voz de Marta que se vuelve denuncia ante la impotencia de una guerra fratricida que arrastra muertos como peces, evocación de cuerpos no reclamados y siempre llorados por los suyos ante la indiferencia de muchos. Es un recorrido por la memoria negra de un país blanqueado y rezandero:

con el cuerpo gestuado
quiso saber del vocablo guerra
venía de tan lejos
aprendió geografía en sus sonidos
supo de la existencia de largos ríos
que atraviesan el mundo
y van al mar.

Nos volvimos a encontrar con Marta en Tumaco, físicamente distante de su Apartadó, pero espiritualmente unidos por los mismos orishas que siguen habitando el espacio: Ochún en los ríos y anunciándose con los truenos como Shangó. Su voz hizo gala de irreverencia como en un estuario donde se combinan el agua dulce con la salada. Ahí puso a pensar a las niñas que la escuchaban en los colegios, a los adultos que la acogieron como una suya más, en ese Pacífico que es sinónimo y antónimo a la vez.

Quiñónez, M. (2019). Casa. Medellín: Edición Independiente.

Quiñónez, M. (2025). Agua Prieta. Medellín: Edición Independiente.

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J. Mauricio Chaves Bustos

Facilitador en procesos de diálogo para construcción de paz, escritor de cuento, ensayo y poesía, cervantista, gestor cultural.



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