Por: Lina María López Jiménez
Mi Juanita:
Hoy cumples ocho años.
Ocho años… y todavía me parece un milagro que un corazón tan pequeño haya sido capaz de ensanchar el mío para siempre.
Dicen que el amor mueve al mundo. Yo creo que también lo sostiene. Lo descubrí el día en que llegaste y comprendí que existen abrazos capaces de poner en calma las tormentas, risas que espantan la tristeza y miradas que devuelven la luz incluso a los días más grises. Tú eres todo eso para mí.
Gracias por tus carcajadas, porque tienen la extraña magia de hacer florecer la alegría donde parecía no quedar nada. Gracias por tu bondad, porque en un mundo que a veces olvida la ternura, tú me recuerdas que sigue siendo una de las fuerzas más poderosas que existen. Gracias por esos abrazos tuyos que no solo me rodean… me reinician. Me devuelven la calma, el norte y la certeza de que la vida siempre encuentra la manera de empezar de nuevo.
Quiero que nunca olvides algo, hija: la fuerza más grande que tendrás no estará en tus piernas, ni en tus manos, ni siquiera en tu inteligencia. Vivirá siempre en tu espíritu. Y el espíritu se hace invencible cuando aprende a creer en sí mismo, incluso cuando llegan los miedos, las dudas o los caminos parecen cuesta arriba.
Confía siempre en esa voz que vive dentro de ti. Esa voz suave que, aun en silencio, sabe recordarte quién eres.
Hoy sueñas con ser una gran futbolista. Cuando hablas del balón, de los partidos y de cada entrenamiento, tus ojos brillan con una luz que solo tienen quienes aman profundamente lo que hacen. Ojalá juegues cada partido con esa alegría que hoy llevas en el corazón.
Pero quiero regalarte una libertad aún más grande.
No tienes que convertirte en la mujer que hoy imaginas para hacerme sentir orgullosa.
Si mañana sigues jugando fútbol, ahí estaré celebrando cada uno de tus goles.
Si un día descubres un sueño completamente distinto, también estaré.
Si decides ser médica, artista, científica, profesora, escritora, veterinaria, astronauta o inventar una profesión que todavía no existe, mi aplauso será el mismo.
Porque mi sueño nunca ha sido elegir quién serás.
Mi sueño es que tengas el valor de descubrirlo por ti misma.
Solo deseo que aquello que elijas nazca del amor, de la honestidad y de la felicidad.
Y quiero que guardes estas palabras para los días en que la vida parezca difícil:
Mi amor por ti no depende de las notas que saques, de los goles que marques, de los trofeos que ganes ni de las veces que aciertes.
Mi amor por ti está a prueba de todo.
Del tiempo.
De los errores.
De las caídas.
De las derrotas.
De la distancia.
De los cambios.
Y hasta de esos días en los que tú misma olvides cuánto vales.
Porque mientras yo respire, habrá un lugar en este mundo donde siempre serás amada exactamente como eres.
Ojalá la vida te encuentre valiente, pero también buena.
Fuerte, pero siempre capaz de abrazar.
Nunca permitas que el mundo te convenza de endurecerte para ser grande. Las personas más extraordinarias que he conocido conservan la capacidad de amar, incluso cuando la vida intenta arrebatársela.
Y tú, hija, ya naciste con ese regalo.
Hoy cumples ocho años y yo no solo celebro tu cumpleaños. Celebro el inmenso privilegio de caminar la vida a tu lado.
Gracias por enseñarme que la felicidad puede tener rizos despeinados, rodillas raspadas, una sonrisa inmensa y unos brazos pequeñitos capaces de abrazar el universo entero.
Camina siempre con la frente en alto, los pies firmes y el corazón abierto.
Cree en Dios.
Cree en el amor.
Y, por encima de todo, cree en ti.
Porque cuando una mujer aprende a creer en sí misma, el mundo deja de ser un límite y empieza a convertirse en un camino.
Feliz cumpleaños, mi niña hermosa.
Gracias por elegirme para ser tu mamá.
Te amaré en todos tus comienzos, en todas tus versiones y en todos los días de mi vida.
Con todo mi corazón,
Mamá.