Echar la vista atrás para recordar que uno nunca se olvida. De una banda que es casa, de sonidos o riffs de guitarra que instantáneamete conectan con un yo de décadas atrás, o de preservar en un marco blanco -que para ellos es marca de la casa en todos sus discos- épocas donde su música nos ha acompañado.
Gente afín a todo lo mencionado anteriormente se daba cita ante una sala Copérnico de la que colgaba el cartel de “entradas agotadas” desde hace semanas. Lo mínimo que se puede esperar de un reencuentro de la talla de American Football.
Liderados por un Mike Kinsella -que cuando no tenía sus manos en su guitarra, las tenía jugando nervioso con el dobladillo de su camiseta- en plena forma con una sonrisa cómplice, el cuarteto celebraba el pasado 4 de junio el aniversario de su aclamado disco debut homónimo, editado en 1999 cuando tan sólo eran unos jóvenes universitarios, y después del que se desvanecieron sin dejar rastro.


El dress code de la noche era simple: camisetas de Thrasher, Coalesce, Vic Firth, gorras de Slayer o Dickies asomaban entre el público y la propia banda, que mantiene esa fachada jovial y preserva letras forjadas desde la perspectiva de veinteañeros introvertidos. Un silencio sepulcral se formaba cuando comenzaron, abriendo el show con “Five Silent Miles” y “The Summer Ends” de forma prácticamente instrumental, demostrando que son los verdaderos padres del midwest emo tal y como lo conocemos.
Ataviados con un arsenal de instrumentos -desde shakers hasta un xilófono, unas maracas y un tambor a pie de escenario-, la música matemática y estudiada al dedillo, hecha siempre al dedillo y con un motivo concreto continuaba con “Honestly?” y un extenso repaso por su corta pero emocional discografía, que quedó en standby desde 2019. El juego de American Football es simple. No les hacen falta 11 jugadores, porque con los cuatro que son ponen sobre la pista un juego de luces y visuales capaces de ganar cualquier partido.


Entre colores cálidos y tímidos chistes hacia un público respetable, lejos de dejarse la garganta en cortes como “I’ll See You When We’re Not So Emotional” (ni siquiera en la esperada “Never Meant”) este cantaba y sentía para sus adentros cuando se arrancaron con cortes más melancólicos como “Born To Lose” o “Numb” (a falta de Hayley Williams, que se encuentra inmersa en pleno “Eras Tour” junto a Paramore con Taylor Swift)
American Football sería el preludio de la llegada de Militarie Gun a la capital, que tras una contundente y arrolladora puesta en escena en el Primavera Sound de Barcelona hasta en tres ocasiones, aterriza en la Wurlitzer Ballroom de Madrid.


Mike y Nate Kinsella, Steve Holmes y Steve Lamos son conscientes de su efecto en las generaciones más jóvenes. Y sin alardear ni fardar de ello, de forma sutil y dejándose caer ha sido como han logrado mantenerse en la cúspide de un género musical que nunca ha muerto, sino que pertenece a gente introvertida que nunca estuvo destinada (ni quiere estarlo) a grandes muestras de todo.
Texto | Lucía Monsalve
Fotos | Sergio Morales