NOMBRE: Rafael
APELLIDOS: Chinchilla
LUGAR DE NACIMIENTO: Ciudad Real
FECHA DE NACIMIENTO: 1992
PROFESION: Artista
A comienzos del año pasado conocimos a Rafa Chinchilla, nuestro fichado esta semana, gracias a la muestra que protagonizó en el Espacio Derivado de Sevilla. Se llamaba “Etimologías (la aspereza del invierno)” y tenía en esa ciudad un escenario muy apropiado, porque sus obras planteaban la posibilidad de convertir la imaginería barroca en el marco para reflexionar sobre los motivos iconográficos asociados al trabajo.
Constaba aquella presentación de pinturas, instalaciones, objetos y palabras y, efectivamente, el camino de la inacción se identificaba con la senda al paraíso.
Graduado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla, Chinchilla ha cursado también el Máster Arte: Idea y producción de ese centro y ha protagonizado otras dos individuales en el espacio Otra Cosa, también sevillano, y en el Espacio Santa Clara de Morón de la Frontera. Su participación en colectivas le ha llevado, asimismo, a Gibraltar, Valdepeñas, Madrid, Alicante, Córdoba o Puerto Rico.
Hace una década, desarrolló una residencia artística en la Sala Guirigai de Los Santos de Maimona (Badajoz) y resultó premiado en los Encuentros de Arte Contemporáneo de Alicante; y en 2018 fue reconocido en el certamen Projectarte, del Ayuntamiento de Morón de la Frontera, y en el Foro ACA de AVAND.
Chinchilla se suma a esta sección porque queremos saber más de las intersecciones en su trabajo, de cariz conceptual, de la ironía y la crítica política y cultural, sobre todo de su concepción del tiempo improductivo como forma de resistencia y también como táctica creativa.



Su interés por la creación fue temprano, pero precisamente su incorporación a la esfera laboral y los cambios en la organización de su tiempo tendrían que ver con esos centros de su interés: Mi relación con el arte comienza de forma temprana, vinculada al dibujo, la pintura y, en general, a los saberes artesanales. Sin embargo, es a partir de 2015, durante el Máster en Arte: Idea y Producción, cuando mi práctica se desplaza hacia un marco más procesual, alejándose de lo representacional para centrarse en la acción, la experiencia y sus consecuencias materiales.
Este desplazamiento coincide con mi incorporación al trabajo a jornada completa, una circunstancia que pasa a estructurar tanto mi tiempo como mis condiciones de producción. Desde entonces, mi obra se articula en torno a una reflexión sobre las formas contemporáneas de trabajo y, especialmente, sobre la construcción del tiempo en el contexto capitalista: la tensión entre tiempo productivo e improductivo, la equivalencia entre tiempo y dinero o la dificultad de sostener experiencias no instrumentalizadas.
En este contexto, mis piezas operan como dispositivos que activan y tensionan el sentido común, tratando de hacer visibles sus contradicciones a través de acciones mínimas. Frente a la representación de una idea, me interesa la presentación de procesos reales: la obra aparece como resto, como huella o evidencia de una acción, más que como imagen.
Frente a la representación de una idea, me interesa la presentación de procesos reales: la obra aparece como resto, como huella.


Dan cuenta de su atención a los procesos los que Chinchilla selecciona como sus proyectos más significativos hasta ahora: Gastar una hora en una hora o Perder una hora en una hora se sitúan en esta línea. En la primera, tomo el valor de una hora de trabajo (siete euros en el momento de su realización) y lo “gasto” físicamente durante una hora, frotando las monedas sobre papel de lija. El resultado —las monedas desgastadas y la superficie erosionada— materializa una doble pérdida: la del valor económico y la del tiempo invertido en una acción improductiva, cuestionando la equivalencia entre ambos.
En Perder una hora en una hora, esta lógica se desplaza al espacio público: durante una hora, voy arrojando setecientas monedas de un céntimo mientras camino, generando un rastro casi imperceptible. La pieza construye un recorrido de tiempo y dinero “perdido” que tiende a desaparecer, tanto por su escaso valor como por su baja visibilidad, configurándose como una forma de escultura expandida, pública y efímera, situada en el límite de la percepción.

En Copiar 100 veces incorporó el factor, tan familiar, de la repetición: Aborda la relación entre trabajo, lenguaje e imaginario cultural. La pieza parte de una acción sostenida: calcar cien veces la definición etimológica de la palabra “castigo”. Este ejercicio, deliberadamente arduo y repetitivo, genera un desplazamiento progresivo en la legibilidad tanto de la matriz como de las copias, produciendo una degradación del sentido a medida que se acumula el trabajo.
La obra establece, así, una analogía entre el desgaste material y el desplazamiento semántico: del mismo modo que la repetición erosiona la imagen, el uso y el tiempo desdibujan el significado original de las palabras.
En este caso, la etimología de “castigo” —derivada de castus (puro) y agere (hacer)— introduce además una lectura en torno a las nociones de purificación, disciplina y sacrificio, en diálogo con ciertas construcciones culturales vinculadas al trabajo.
Otras de sus acciones han consistido en escribir la palabra “infinito” infinitas veces, hasta que la tiza esquilmada nos lo impida -buscamos el crecimiento infinito, aunque los recursos con los que contamos no lo son-; o en mantener la primera página de la Biblia fijada a la pared mediante el soplo, aludiendo al esfuerzo humano para preservar esas creencias.



Otras veces sus ideas se han materializado en objetos, sin dejar de hacer referencia a lo incierto y lo incorpóreo: en Nada, plantea que el escepticismo contemporáneo antecede en ocasiones el no hacer, al validar el hecho de que nada servirá. Esa palabra, nada, es trazada en el polvo acumulado en el interior de un joyero.

En Ictu Oculi nos invita a contemplar un rasca no gastado como objeto con elevado potencial de esperanza -antes de convertirse poco después en basura-, sentido que volvió a tratar en Lo último que se pierde; mientras que en Descripción quiso renunciar a producir una obra, optando en su lugar por describirla. El paso siguiente sería renunciar también a eso, describiendo esa deserción.


Nada que hacer, su puzle de 5.000 piezas de una pared blanca, es el fruto de un gran esfuerzo con mínimos resultados; S/T equipara una obra a su cartela, hasta hacerlas indistinguibles; y un proyecto más con el mismo título construía una única mirada a partir de la unión de dos ojos: uno tomado de un billete de 1.000 pesetas y otro de uno de cinco dólares estadounidenses.

Sus trabajos en la muestra sevillana de la que comenzábamos hablando, en Espacio Derivado, se incide en las consecuencias físicas de los sacrificios de san Jerónimo y en los valores que asociamos a ese acto (San Jerónimo, Vulnerata); también en los que concedemos al lloro, que nos limpiará los ojos y dará luz (Lágrimas y Espinas); o en la posibilidad de desafiar al tiempo y la marchitación (Emprendería la fuga).
Técnicas y formatos, como veis, se vinculan a sus ideas, pero tienden, con intención, a la mayor simplicidad posible: En cuanto a los formatos, no responden a una definición previa, sino que se ajustan a cada proyecto. No obstante, se repiten ciertas constantes: una tendencia hacia lo escultórico entendida como atención al objeto y a su carga experiencial, así como una centralidad del proceso frente al resultado.
Me interesan especialmente los procedimientos sencillos, accesibles, que desplazan la idea de virtuosismo técnico hacia gestos mínimos: actos concretos, políticos, íntimos o incluso absurdos, que introducen temporalidades lentas y abren un espacio para lo poético.
Los artistas que Chinchilla cita como figuras de influencia tienen en común esa voluntad de transmitir reflexiones complejas desde medios sencillos: Mi trabajo dialoga con prácticas como las de Luis Camnitzer, Esther Ferrer, Isidoro Valcárcel Medina, Fermín Jiménez Landa, Ignasi Aballí, Félix González-Torres, Wilfredo Prieto, Núria Güell o Tania Bruguera, especialmente en su capacidad para operar desde la economía de medios y activar lecturas críticas desde lo cotidiano.
También destacaría el trabajo de artistas más cercanos a mí, tanto por generación como por contexto, como Manuel Zapata, María Alcaide o Arturo Comas.
Profundizad en sus creaciones en rafaelchinchilla.com
