“Otpor!” o cómo atender al tigre sin morir en el intento

L’imagination au pouvoir”.

-Mayo del 68-

Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se producen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez como comedia”.

Bat: Esa cita de Marx nunca ha sido más pertinente. Colombia vivió la tragedia del autoritarismo, del fraude y de la violencia política. Ahora, ese peligro regresa con un nuevo disfraz, más estridente y quizás más peligroso por su respaldo internacional y su discurso de exterminio.

Pero, ¿estamos condenados a repetir la tragedia?

No, si aprendemos de quienes ya derrotaron a un monstruo similar convirtiendo la lucha en una comedia.

En la Serbia de los años 90, Slobodan Milošević parecía invencible. Controlaba el ejército, la policía, la televisión y tenía paramilitares sedientos de sangre. Un grupo de estudiantes sin armas, llamado Otpor! (“Resistencia!), lo derribó en el año 2000. Su secreto no fue el martirio en las calles, sino un cambio radical de estrategia: si el tirano se alimenta del miedo y de la confrontación violenta, ellos le darían risa, creatividad y acciones imposibles de reprimir.

Man: ¡Firmes por la patria!!!

Bat: Hoy, mientras hay voces autoritarias que anuncian “brigadas urbanas” y se amenaza de muerte a periodistas y concejales en plena luz del día, la receta de la gran movilización puede ser una trampa mortal. La experiencia del 2021, con sus muertos, desaparecidos y violaciones, nos obliga a pensar diferente. ¿Qué podemos hacer? La respuesta la tiene un manual que convirtió la resistencia en una fiesta de la inteligencia.

Otpor!, Popovic y la revolución de la risa

Bat: Srdja Popovic es un activista político serbio, nacido en 1973. Fue uno de los líderes del movimiento estudiantil Otpor! (“Resistencia”), que jugó un papel clave en la caída no violenta de Slobodan Milošević en el año 2000. Tras esa experiencia, cofundó el CANVAS (Centre for Applied Nonviolent Action and Strategies), una organización que entrena a activistas de todo el mundo en tácticas de resistencia civil pacífica. Su libro más conocido es “Blueprint for Revolution” (en español “Cómo hacer la revolución: Instrucciones para cambiar el mundo”), donde condensa, con mucho humor e ironía, sus lecciones aprendidas.

Man: ¡Firmes por la patria!!!

Bat: Popovic propuso una serie de principios de la revolución pacífica. Más que una lista rígida, son ideas-fuerza que él repite y enseña. Entre las más emblemáticas están:

  1. El humor y la ridiculización como armas principales
    El miedo es el pilar de un régimen autoritario. La mejor manera de romperlo no es con violencia, sino con la burla inteligente y el humor. Popovic dijo: “Si consigues que la gente se ría del dictador, el dictador está acabado”.
  2. Convierte la opresión en un bumerán (efecto “backfire”)
    Toda acción represiva del régimen debe volverse en su contra. En Serbia, un grupo de manifestantes se disfrazaron de hamburguesas y fue muy gracioso ver a la policía perseguirlos.
  3. Marca, marketing y comunicación simple
    Un movimiento de resistencia necesita una identidad de marca muy clara: una consigna muy corta (fácil de escribir o pintar en cualquier parte, en pocos segundos) un nombre también corto, un logo reconocible, colores y un mensaje positivo y unificador (no solo “abajo el dictador”). Otpor! usó el puño negro sobre fondo naranja y un tono desenfadado, casi de fiesta, para atraer a los jóvenes apolíticos.
  4. La no violencia es extremadamente disciplinada, no pasiva
    La resistencia pacífica requiere una disciplina férrea. Si un solo manifestante lanza una piedra, el movimiento pierde la superioridad moral y el régimen puede justificar la represión violenta. Una de sus reglas de oro: “Un manifestante que lanza una piedra es un agente del régimen”.
  5. No hace falta unidad total, sino una gran carpa (“big tent”)
    No necesitas que todos piensen igual; basta con que coincidan en un objetivo muy concreto y limitado. Los ecologistas, los conservadores moderados, los estudiantes… todos pueden caber bajo un mismo paraguas si se dejan de lado las diferencias ideológicas y se enfocan en un fin común y alcanzable.
  6. Planificación, planificación, planificación (y juego)
    Una revolución no se improvisa. Se estudian los “pilares de apoyo” del poder (a quién obedecen la policía, el ejército, los medios…), y se diseña una estrategia a largo plazo. Pero al mismo tiempo, la participación tiene que ser divertida y gratificante; por eso se integran elementos de juego, conciertos y actos creativos (lo que Popovic llama laughtivism, activismo de la risa).
  7. Hazlo tú mismo, sin líder mesiánico
    Los movimientos no violentos exitosos suelen ser horizontales y difíciles de descabezar. El poder ya no reside en un líder, sino en un símbolo y en miles de pequeñas acciones cotidianas.

Man: ¡Firmes por la patria!!!

El arsenal táctico de Otpor!

Bat: Lo más interesante no son los principios, sino la forma como Otpor! los aplicó. Enseguida, una lista provocativa de sus tácticas.

Man: ¡Firmes por la patria!!!

Bat: Ridiculizar al tirano (El humor como arma)

• El puño cerrado. A primera vista era un símbolo de poder, pero su diseño era una parodia descarada. En la iconografía comunista, el puño suele ser musculoso y masculino. El de Otpor! era un puño flácido, desgarbado y estilizado, que parecía más un dibujo de un adolescente que un símbolo de fuerza. Era imposible prohibirlo sin que la prohibición resultara ridícula.

• El color naranja y el grafiti. Eligieron un color que no tenía connotaciones políticas previas. El eslogan más famoso era un simple “¡Él está acabado!” (Gotov je!). Lo pintaban con plantillas por todas partes. La policía borraba “Gotov je!” y ellos volvían a pintarlo, en un juego del gato y el ratón que desgastaba al régimen y los hacía parecer imparables. En una ocasión, pintaron la frase en un tramo enorme de autopista; para borrarla, tuvieron que cortar el tráfico, creando un caos que hizo que aún más gente viera el mensaje.

• El barril de la risa. Colocaron un barril de cartón con la cara de Milošević en calles concurridas y animaban a la gente a darle un golpe con un bate de béisbol. La policía no sabía qué hacer. Si arrestaban a un estudiante por golpear un cartón, quedaban como unos abusones ridículos. Si no lo hacían, la imagen del dictador “todopoderoso” era literalmente apaleada a plena luz del día sin consecuencias.

• Fiestas de cumpleaños falsas. Cuando el régimen prohibió las reuniones políticas, Otpor! organizó “fiestas de cumpleaños” para un tal “Slobodan” en las plazas, con gorros y confeti. Al reprimir una fiesta infantil (en apariencia), los policías se veían estúpidos y los “apolíticos” llegaban a indignarse.

• El ridículo. Muchas de esas acciones implicaban hacer quedar a la policía como un grandulón torpe y violento persiguiendo a estudiantes con narices de payaso. Un ejemplo clásico: un activista disfrazado de barril de petróleo (en plena crisis de combustible) caminaba lentamente por una calle peatonal mientras la policía lo perseguía al trote. La imagen era ridícula y la gente se reía abiertamente de la autoridad.

Man: ¡Firmes por la patria!!!

Bat: Desorientar y desgastar (La táctica del “Enjambre”)

La policía de Milošević estaba entrenada para la represión a gran escala: grandes manifestaciones con un punto de encuentro fijo, un recorrido predecible y líderes visibles a quienes detener. Otpor! dinamitó ese esquema.

• Múltiples acciones pequeñas y simultáneas. En lugar de una gran marcha convocada para las 4 p. m. en la plaza principal (que la policía podía rodear con 1.000 agentes), organizaban 20, 30 o 50 acciones diminutas, al mismo tiempo, en puntos opuestos de la ciudad. Un grupo de 15 personas hacía una sentada en un tranvía; otros 20 repartían pegatinas en un mercado a 5 kilómetros de allí; otros 10 desplegaban una pancarta ridícula desde un puente peatonal.

Resultado: La policía, acostumbrada a mover grandes contingentes en bloque, se volvía loca. No tenían suficiente personal ni logística para estar en todas partes. Cuando llegaban a un sitio, los activistas ya se habían dispersado mezclándose entre la gente, y les llegaba el aviso de otra acción en el extremo opuesto. Se pasaban el día corriendo sin llegar nunca a tiempo.

• La regla de los 15 Minutos y la dispersión. Las acciones no solo eran pequeñas, sino ultracortas y con un plan de escape predefinido. Un mitin no duraba una hora, sino 15 minutos. Cantaban una canción satírica, repartían panfletos, hacían una foto y se iban. Para cuando la policía era alertada y se presentaba, ya no había nada que reprimir. Solo quedaban los transeúntes riéndose.

• La dispersión como victoria. El objetivo no era enfrentarse, sino desaparecer. El entrenamiento incluía tres rutas de huida distintas y un punto de encuentro secundario donde se reagrupaban para evaluar los daños y celebrar. El mensaje para el régimen era desesperante: “No puedes arrestar lo que no puedes atrapar”.

Man: ¡Firmes por la patria!!!

Bat: Estructura y preparación (La columna vertebral invisible)

• Células de 3 a 5 personas. La estructura era horizontal. Grupos muy pequeños son fáciles de organizar, democráticos y perfectos para acciones “pequeñas”.  Así no hay líderes a quienes “descabezar”,

• Planificación milimétrica basada en inteligencia. Sus activistas mapeaban los tiempos de respuesta de la policía en cada barrio. Cronometraban cuánto tardaba una patrulla en llegar desde la comisaría más cercana. Sabían cuándo había cambio de turno, cuándo estaban más cansados y qué rutas de escape estaban menos vigiladas.

• Comunicación descentralizada. En una era pre-smartphone: usaban una red de mensajeros en bicicleta, silbatos y teléfonos fijos para coordinar las acciones en tiempo real. Un aviso de “policía en camino” se transmitía más rápido que la propia policía.

Man: ¡Firmes por la patria!!!

Bat: Hacerse intocable (Tácticas de protección por identidad)

• El Ruido como escudo (La Protesta de las Cacerolas). Todas las noches a una hora fijada, la gente salía a sus balcones o ventanas y hacía sonar cacerolas, ollas, silbatos y tapaderas durante 10 minutos. Era un estruendo ensordecedor y anónimo. La policía no puede detener a una ciudad entera. No pueden ir casa por casa. Tampoco hay un líder al que arrestar. No hay una masa en la calle. Solo hay un rugido metálico que recuerda al régimen que no controla ni el aire que respiran.

• El Poder de las abuelas y los niños. Cuando la represión era más probable, organizaban acciones con personas “intocables”. Un día, una fila de ancianas con flores bloqueaba una comisaría. Otro, los niños le regalaban dibujos a los soldados. La trampa: Golpear a una abuela que ofrece una flor es un suicidio político. La imagen le da la vuelta al mundo y desmoraliza incluso a las fuerzas de seguridad. Obligaba al régimen a contenerse o a pagar un precio altísimo.

• Conciertos y fiestas callejeras. En lugar de una marcha, montaban un concierto improvisado o un baile en una plaza pública. La trampa: ¿Cómo disuelves una fiesta? La policía está entrenada para enfrentar disturbios, no para detener a 500 personas bailando. Cargar contra un concierto era declararle la guerra a la juventud y al simple deseo de divertirse. Muchos jóvenes no politizados se unían por la música y acababan participando en el movimiento.

Man: ¡Firmes por la patria!!!

Bat: Convertir la protesta en algo irreprimible (Tácticas de “Objetivo imposible”)

• La Manifestación Invisible (o “Desfile de Risa”). Convocaban una protesta en la plaza principal. La gente llegaba, se dispersaba entre las mesas de los cafés y los escaparates… y no hacía nada. Nadie gritaba, nadie llevaba pancartas. La plaza estaba llena de gente que simplemente miraba escaparates o tomaba café. La trampa: La policía antidisturbios equipada con escudos y bolillos llegaba preparada para una batalla y se encontraba con un centro comercial un sábado por la tarde. Si cargaban contra ciudadanos que estaban de compras, quedaban como unos dementes. La protesta era la presencia masiva e inatacable.

• El apagón colectivo. En una fecha y hora exactas, se pedía a toda la población que apagara las luces de sus casas durante 5 minutos. La ciudad se sumía en una oscuridad simbólica. La trampa: No hay nada que reprimir. No hay gente en la calle. Pero el mensaje de unidad es potentísimo. El dictador ve desde su palacio cómo se apaga “su” ciudad y no puede hacer absolutamente nada para encenderla.

• La huelga de los pendientes. Acciones mínimas de desobediencia cotidiana masiva. Por ejemplo, un día nadie pagaba el billete del autobús. El conductor tenía órdenes de no moverse. El tráfico colapsaba. La trampa: ¿A quién arrestas? ¿A un oficinista que no pagó un billete? Las comisarías se habrían colapsado. El sistema se atasca por el simple peso de la no cooperación individual.

Man: ¡Firmes por la patria!!!

Bat: Golpear y desaparecer (Tácticas de acción efímera)

• Pintas con plantilla y tiza líquida (la de los baches). No usaban pintura permanente en aerosol, sino plantillas y una mezcla de agua y tiza líquida. Rociaban el puño o el eslogan “Gotov je!” en segundos y se iban. La trampa: La marca duraba hasta que llovía o la limpiaban con agua a presión. No podían acusarlos de “destrucción de propiedad privada” grave. Pero la imagen quedaba para la foto. Una de sus mejores acciones fue rodear con tiza blanca los innumerables baches de Belgrado, como se hace con un cadáver en una escena del crimen. Al lado escribían: “Aquí yace otro muerto del gobierno”. Era imposible detener a alguien por dibujar con tiza en el suelo.

• Proyecciones nocturnas (El fantasma de la verdad). Usaban un proyector portátil con batería para lanzar, durante 30 segundos, una imagen enorme sobre la fachada del parlamento o de la televisión estatal: la cara de Milošević con los cuernos del diablo, el porcentaje real de inflación o el eslogan “Gotov je!”. La trampa: Cuando la policía veía la imagen, los activistas ya habían recogido el proyector y se habían perdido en la noche. Era un acto imposible de rastrear y que dejaba a la policía de la dictadura cazando fantasmas.

Man: ¡Firmes por la patria!!!

Bat: Desmoralizar al adversario (Guerra psicológica a las fuerzas de seguridad)

• Agotamiento y desmoralización. Estando en alerta constante y sin saber nunca dónde iba a ser el siguiente “ataque de risa”, los agentes acababan física y mentalmente exhaustos. Mientras los activistas se divertían, la policía se frustraba. Un agente agotado y humillado es más propenso a cometer un error, a pasarse de brusco con un civil inocente y, por tanto, a generar el efecto backfire (bumerán) que buscaba Otpor!

• El Contraataque al espía (Técnica del “Vuelve a casa”). Srdja Popovic cuenta que, a veces, los activistas identificaban a un policía de paisano infiltrado. No lo agredían ni lo denunciaban. Lo rodeaban, le daban un paquete de regalo y lo acompañaban en grupo hasta su casa o su coche patrulla, dándole las gracias por “apoyar al movimiento”. El resultado: El agente quedaba neutralizado.

Man: ¡Firmes por la patria!!!

El miedo cambia de bando

Bat: La historia se repite, pero no estamos obligados a ser víctimas de la segunda parte. La gran lección de Otpor! es que el miedo es una decisión colectiva. Ellos decidieron no tener miedo y, además, pasárselo bien en el proceso. Entendieron que su mayor victoria no era derrocar al tirano, sino curar a la gente del miedo que el tirano les había inoculado.

Colombia es un país de una creatividad desbordante, de un humor que sobrevive a todas las tragedias. Es hora de usar ese superpoder. Mientras el miedo paraliza, la risa moviliza. Que su fortaleza sea su debilidad. Que su violencia se les pudra en las manos. No les demos la batalla campal que quieren; regalémosles una fiesta de carcajadas.

Porque, como dijo un joven de Otpor!, “si consigues que la gente se ría del dictador, el dictador está acabado”. Atendamos al tigre sin morir en el intento. Atendámoslo con inteligencia.



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