la Catedral de Toledo celebra su octavo centenario

Este año 2026 Toledo conmemora el octavo centenario del inicio de la construcción de su Catedral gótica, bajo el reinado de Fernando III el Santo y la influencia primera de los modelos franceses. Ostentaba ya antes como templo católico, y hoy lo continúa poseyendo simbólicamente, el título de Primada de España por ser la sede de la primera diócesis del antiguo Reino y por su superioridad jerárquica; así, “Primada”, se llama también la exposición que conmemora la efeméride y que puede visitarse hasta octubre.

Comisariada por Benito Navarrete y Javier Martínez de Aguirre, recorre su historia a través de los artistas europeos llamados a participar en su diseño y decoración y de las compras, regalos y ofrendas que hacen del patrimonio de la Catedral un acervo apabullante de interés artístico, histórico y devocional.

La muestra se despliega en espacios, en ocasiones, rara vez abiertos al público y también cuenta con obras hasta ahora no mostradas o recientemente atribuidas. Se articula en dos secciones: una primera, a la que accederemos desde la parte alta de su claustro, que abarca el periodo correspondiente a los siglos XIII y XV, las personalidades de los sucesivos arzobispos y los encargos o tesoros recibidos; y una segunda, ya en el propio templo, que estudia el periodo transcurrido entre el siglo XVI y el XIX, con Cisneros como eje de esa división. En estos siglos se desarrolló extraordinariamente el culto a las reliquias (y, por tanto, un elevadísimo refinamiento en los relicarios y las peregrinaciones a Toledo); no pudieron recuperarse, sin embargo, las de san Ildefonso, por lo que sería especialmente venerada la piedra de la descensión, donde la Virgen le habría impuesto su casulla.

Basílica visigoda y mezquita antes que catedral, como recuerdan los restos y planos del arranque de la exposición, la de Toledo tuvo como promotor al obispo Jiménez de Rada. Esta ciudad era una de las cuatro sedes metropolitanas existentes en ese año de 1226 en que comenzó a construirse el templo gótico, junto a Tarragona, Braga y Santiago de Compostela (había otras tres sedes exentas, dependientes directamente del papa: Burgos, León, Oviedo); y aquel reconocimiento de primada tuvo mucho que ver en su riqueza cultural por llegar.

Sus obispos, generalmente cultos y bien relacionados como explican muy bien los textos didácticos en el recorrido, usualmente velaron por esa magnificencia al tiempo que desempeñaron en general roles políticos y bélicos. Contemplaremos un retrato del cardenal Mendoza rodeado de obispos a cargo de Juan Rodríguez de Segovia, también llamado Maestro de los Luna; la muy rica cruz de Carrillo; el ajuar funerario de Jiménez de Rada; o una selección de sellos céreos de validación de documentos que incluían los emblemas heráldicos de esos obispos. No conservamos sin embargo apenas retratos suyos, destacando por eso los funerarios, como el de la estatua orante de Sancho de Rojas esculpida para la Catedral de Palencia, de donde fue obispo antes que de Toledo.

Primada. Catedral de Toledo, 2026. Fotografía: masdearte

Primada. Catedral de Toledo, 2026. Fotografía: masdearte

Dado que la catedral siempre estuvo dedicada a la Virgen, uno de los primeros capítulos de esta muestra es para las imágenes marianas, a veces mayestáticas y otras menos solemnes y más centradas en la plasmación de una relación tierna entre María y Jesús. Recibió especial fervor la Virgen Blanca emplazada desde el siglo XIII en el coro de los canónigos, replicada después en Palencia, y la Virgen con el Niño de la Colegiata de Talavera representa aquí las tallas de calidad de la época en el conjunto de la diócesis.

Las distintas corrientes de la religiosidad en la Baja Edad Media, como el cristocentrismo o la interiorización de la fe característica de la devotio moderna, incidieron en las nuevas imágenes generadas en esta época. La Pasión solía mostrarse con crudeza para impulsar la meditación, la escala de las figuras era la real y las miradas se intensificaban: son rasgos evidentes en el tondo de Caudilla, la estatua de la Verónica o el Cristo yacente llegado del Monasterio de Guadalupe. También proliferaron las imágenes de santos.

Primada. Catedral de Toledo, 2026. Fotografía: masdearte

En el terreno de manuscritos y relicarios que albergaban, respectivamente, los textos divinos y las reliquias de Cristo y los santos, todo dispendio se entendía justificado en Toledo y ese coste alcanzaba a millones de maravedíes. Veremos la excepcional Biblia de San Luis, encargada por Blanca de Castilla para Luis IX, que luego pasó a manos de Alfonso X el Sabio, y la excepcional Biblia Políglota en la que el mismo Cisneros invirtió 50.000 escudos de oro. Y contemplaremos, asimismo, once manuscritos que forman parte de la Biblioteca de la Catedral, ricamente ilustrados y de cronología variada, correspondientes a los dos sistemas de la liturgia medieval: la sacramental y el oficio divino.

Si hablamos de relicarios, tenemos que mencionar el arca de san Eugenio, ornamentada con escenas de su vida, y naves que reproducen elementos marineros, jarras, cajas y vasos de materiales evidentemente ricos y artífices igualmente virtuosos.

Hablando de san Eugenio, nos enseña “Primada” una cuarta parte de las tablas de su retablo, originarias del antiguo retablo mayor de la catedral, obra de Juan de Borgoña y de Starnina, el pintor del que en la actual muestra del Museo del Prado, “A la manera de Italia”, hemos aprendido que, procedente del contexto florentino, se refinó en España -también bajo el sello italiano- para regresar después a su país. En estas composiciones se aprecia la huella de Agnolo Gaddi, Antonio Veneziano y, antes que ellos, de Taddeo Gaddi.

Primada. Catedral de Toledo, 2026. Fotografía: Benito Navarrete (redes sociales)

Adentrándonos ya en el segundo capítulo de la exposición, revisaremos los testimonios de triunfos bélicos que llegaron a exponerse en la Catedral en agradecimiento por la intercesión divina que se consideraba que había mediado en las victorias y también el proceso de construcción del Ochavo, con el patrocinio del cardenal Gaspar de Quiroga, también arzobispo. Se trataba de un gran relicario (Sacrarium), realizado en el siglo XVII, que había de albergar los restos de san Eugenio y santa Leocadia y que, a su vez, fue origen de la advocación de la Virgen del Sagrario. Su construcción fue accidentada y en su diseño se involucraron Nicolás de Vergara el Mozo, Juan Bautista Monegro, Toribio González, Jorge Manuel Theotocópuli, hijo de El Greco, y Lázaro Goiti. Sus pinturas originales fueron de Francisco Rizi y Juan Carreño de Miranda, hasta que se sustituyeron por frescos de Mariano Salvador Maella, quien fuera pintor de cámara de Carlos III.

Nos hablan, igualmente, del prestigio de la Catedral ya en el siglo XVI, una mitra de plumaria llegada entonces de México, que se relaciona con el taller que el obispo Vasco de Quiroga promovió en Michoacán, y que pudo llegar a Toledo a través de donaciones, o modelos escultóricos procedentes del taller de Sansovino.

Otro gran promotor de la Catedral toledana fue Alberto de Austria, hijo de Maximiliano II, sobrino de Felipe II y más tarde, también, yerno de este último al casarse con su hija Isabel Clara Eugenia. Relevó a Gaspar de Quiroga como arzobispo, durante un tiempo breve, hasta su nombramiento como gobernador general de los Países Bajos; de ese momento data el retrato que le dedicó Pourbus y que se conserva en las Descalzas Reales. Siempre favoreció a Toledo con donaciones importantes, como el frontal de altar que lleva su escudo o la reliquia de la espina de Cristo custodiada por un ángel fundido en plata y enriquecido con piedras preciosas y esmaltes. Entretanto, Bernardo de Sandoval y Rojas, arzobispo en los primeros años del siglo XVII, donó una expresiva escultura de San Juan Bautista a cargo de Martínez Montañés.

El montaje subraya la majestad, bajo las vidrieras de la Catedral, de La imagen milagrosa de Nuestra Señora del Sagrario en su trono antiguo de Francisco Rizi, de la que hasta fechas recientes sólo se tenía constancia documental y que ha sido identificada por Eduardo Lamas. Encargo del inquisidor Diego de Arce y Reinoso, Rizi la llevó a cabo siendo pintor oficial del templo y se conserva en las Descalzas de San Ildefonso.

Primada. Catedral de Toledo, 2026. Fotografía: Benito Navarrete (redes sociales)Primada. Catedral de Toledo, 2026. Fotografía: Benito Navarrete (redes sociales)

Primada. Catedral de Toledo, 2026. Fotografía: Benito Navarrete (redes sociales)

Primada. Catedral de Toledo, 2026. Fotografía: Benito Navarrete (redes sociales)

Otras novedades: para “Primada” han sido restauradas la Asunción de la Virgen y la Ascensión de Cristo, ambas de Francesco Albani, seguramente encargadas en Roma por el citado Sandoval y Rojas. La primera se dio a conocer en el Prado en 1970; la segunda ha sido atribuida últimamente a Albani por Lorenzo Pericolo. Y se atribuye asimismo ahora a Eugenio Cajés una imagen de Santa Marina que el propio Sandoval encargó para su capilla funeraria.

Otro conjunto destacadísimo en la exposición es el que prueba la actualización de la iconografía de la imposición de la casulla por la Virgen a san Ildefonso a partir de la renovación del culto a este santo impulsada por la misma Catedral. Veremos piezas mayores de Velázquez, Zurbarán y El Greco, esta última esculpida; y del entorno del sevillano procede asimismo el retrato del arzobispo breve Gaspar de Borja y Velasco, de factura claramente realista.

Lo sucedió Moscoso Sandoval, y a éste, Pascual de Aragón, que regaló a la Catedral un Bautismo de Cristo de Lucas Jordán, el Entierro de Cristo de Giovanni Bellini, una copia de Rafael de la Virgen con el Niño o un Rey David ahora adjudicado a Domenico Fetti, además de guirnaldas de Daniel Seghers, floreros de Mario dei Fiori o excelentes cobres de Pietro del Po.

Primada. Catedral de Toledo, 2026. Fotografía: Benito Navarrete (redes sociales)Primada. Catedral de Toledo, 2026. Fotografía: Benito Navarrete (redes sociales)

Primada. Catedral de Toledo, 2026. Fotografía: Benito Navarrete (redes sociales)

El sucesor de aquel fue Fernández Portocarrero, a su vez consejero de Estado en época de Carlos II y regente muerto el monarca. Su figura fue controvertida (prohibió procesionar una rica custodia de oro y plata en el Corpus), pero bajo su mandato Lucas Jordán culminó el techo de la sacristía mayor con otra composición fundamental del barroco en Castilla: la imposición de la casulla a san Ildefonso. El Museo de Salzburgo ha prestado para la ocasión un boceto de esa pintura nunca antes expuesto.

No faltan en “Primada” el grupo de piezas en plata cincelada dedicadas a los cuatro continentes entonces conocidos por Lorenzo Vaccaro, donados por Mariana de Neoburgo, o los Desposorios místicos de santa Lucía, de Agustín González, composición cuyo tema ha sido ahora identificado por Alejandro Martínez. Tampoco los bocetos que Bayeu y Maella pintaron para el claustro bajo de la Catedral, por encargo del arzobispo Lorenzana; hablamos de un ciclo dedicado a los vínculos de Toledo con la santidad y a sus sucesivos arzobispos.

Pone el broche a la exposición -completísima, bien narrada y de montaje funcional y discreto, como quisiéramos esperar siempre de las muestras en estas sedes- El prendimiento de Cristo de Goya, un homenaje a El expolio de El Greco, que pertenece también a la Catedral.

(Cuestiones prácticas ajenas: se echan en falta una taquilla donde adquirir las entradas sin recurrir a códigos QR e indicaciones que marquen el camino a la segunda parte del recorrido). “Primada” es una exhibición excepcional.

Primada. Catedral de Toledo, 2026. Fotografía: masdeartePrimada. Catedral de Toledo, 2026. Fotografía: masdearte

Primada. Catedral de Toledo, 2026. Fotografía: masdearte

 

«Primada. VIII Centenario de la Catedral de Toledo»

CATEDRAL DE TOLEDO

Puerta del Mollete

C/ Arco del Palacio

Toledo

Del 25 de mayo al 14 de octubre de 2026

 

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