En la
remota extensión de Campo de Hielo Sur, en la Patagonia chilena, un equipo de científicos
de las universidades de Concepción, Andrés Bello y Austral ha realizado una
expedición hacia el glaciar Pío XI, el más grande de América del Sur y uno de
los pocos en el mundo que, en lugar de retroceder, avanza.
Este
fenómeno excepcional ha motivado un enfoque multidisciplinario para desentrañar
los complejos mecanismos que podrían explicar su inusual crecimiento y su
impacto en el ecosistema circundante.
El equipo
conformado por glaciólogos, oceanógrafos y biólogos marinos se dirigió al Fiordo
Eyre, en la Provincia de Última Esperanza, Región de Magallanes, donde se emplaza el glaciar, con
la intención de profundizar en el conocimiento de la dinámica glaciar, oceánica
y biológica de la zona.
Una de las
líderes de la expedición es la doctora Ilaria Tabone, glacióloga y académica
del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción.
Durante la
expedición, realizada del 1 al 9 de noviembre pasados, los científicos
instalaron una “baliza de ablación” en el glaciar.
Este instrumento, que será
revisado en futuras expediciones, permitirá medir la pérdida de hielo por
fusión superficial, comparando la altura inicial y final de la baliza instalada
durante la temporada estival.
Esta tarea
es clave para analizar los cambios en la masa glaciar y su balance en relación
con las condiciones climáticas locales.
Otro paso
fue la instalación de sensores térmicos a diversas elevaciones en la morrena
lateral del glaciar, específicamente a 200, 400, 600 y 800 metros de altitud.
Estos
dispositivos medirán la temperatura superficial del aire durante un año,
ayudando a estimar las diferencias de temperatura según la altitud, un factor
que incide directamente en el balance de masa del glaciar.
La
construcción de estos soportes fue una colaboración del profesor Víctor
Villagrán, del laboratorio MidGeo de Geofísica de la UdeC, para asegurar la
precisión de los datos recolectados en condiciones extremas.
Además, el
equipo instaló CTDs en distintos puntos del Fiordo Eyre. Estos instrumentos
permiten registrar datos detallados de la salinidad, temperatura y profundidad
del agua, esenciales para caracterizar las condiciones hidrográficas del fiordo
y entender cómo las aguas interactúan con el frente del glaciar.
Aspectos
críticos de la investigación son la acumulación de sedimentos en los fiordos
adyacentes, producto de la actividad del glaciar, y la influencia de la
hidrología glaciar en estos depósitos.
La
hipótesis principal del equipo apunta a que “la dinámica glaciar, modulada por
la hidrología subglacial, en conjunto con un posible aumento de las
precipitaciones, esté influyendo en el avance del glaciar y, consecuentemente,
en la descarga de sedimentos en el frente glaciar”.


