[Crónica] Queens Of The Stone Age en Barcelona (ALMA Festival, 26 de junio de 2024)

Ayer tuvimos la fortuna de poder conversar in situ con Josh Homme en una entrevista “crossover” forjada en Barcelona por Rockzone y Binaural. Con el cantante hablamos sobre Rancho De La Luna, Mark Lanegan, Alain Johannes, Mad Cool 2018, etc. Incluso también sobre su devoción por España. Pronto podréis disfrutarla en su integridad en ambas webs.

Lo de anoche fue un deja vu del Vini, vidi, vinci similar al que gozamos en Razzmatazz hace unos pocos años. Queens Of The Stone Age, con aquel arrojo tan propio del grupo, clavó banderas en el Poble Espanyol con motivo del ALMA Festival en un concierto de perfil creciente en el que el grupo de Palm Desert desplegó todo su arsenal para mostrarnos la entereza de su presente, y las no fisuras de algunos de sus pasajes pretéritos.

Decimos lo de creciente porque lo de ayer fue, a todas luces, un show de carácter efervescente. Enarbolando en gran medida temas de su reciente “In Times New Roman…” (contamos un puñado de ellos, solo equiparables en número a los interpretados del “Songs For The Deaf), los californianos, arropados por un espectáculo lumínico sobrio pero efectista, arrancaron la velada con ganas de ir hincando lentamente el diente a los asistentes con gemas como ‘Little Sister’, ‘In My Head’ o la sinuosa ‘Smooth Sailing’. De las curvas de estas últimas se pasó a la rugosidad de ‘Paper Machete’ y la visceralidad de ‘My God Is The Sun’. El show, a su manera, iba a ser eso: un juego de constantes contrastes que, siempre con Josh Homme como maestro de ceremonias, demostraba por activa y por pasiva como la banda es una grandísima formación de rock de siglo XXI. “Ya no es la arrolladora que era en el pasado” dirá más de uno, y no le faltará razón, pero es tal la calidad en la que estos engrasan sus shows que uno no puede más que rendirse irremediablemente a su forma de saber canalizar su (amplia) trayectoria discográfica.  

De subida y de bajada, como si de un Dragon Khan se tratase, fue lo vivido en nuestra particular vagoneta en el ecuador de la actuación: ‘Emotion Sickness’, ‘I Sat By The Ocean’ y ‘Battery Acid’ entraron en batería, para después ceder su espacio a ‘Made To Parade’, ‘Carnavoyeur’ o ‘The Way You Used To Do’, quizás la parte más tibia de toda la velada. En este punto ya se demostró que Queens Of The Stone Age no iban a seguir a pies juntillas el patrón marcado en su setlist oficial (completo, aquí). Tampoco ningún tipo de jerarquías: como sucedió en el Mad Cool 2018, Homme incitó a que la gente de segunda pista saltase al “front stage” para “gentilmente” acercarse a las primeras filas. Todo con el fin de que el deleite fuese general, sin distinción de clases. Nada que objetar por este lado.

Posteriormente hilaron ‘Sicily’, y tras varias reverencias al público se forjó un triple combo (‘Burn The Witch’, ‘I Appear Missing’, ‘Make It Wit Chu’) bien hilado para conquistar al personal. Ya en este punto, y tras consultar al público para conocer posibles preferencias de temas, las reinas más queridas del mundo del rock decidieron optar por la vena arrolladora: ‘You Think I Ain’t Worth A Dollar…’, ‘First It Giveth’ y ‘Go With The Flow’, con un Shuman endemoniado, endosaron puñaladas por doquier para preceder a un inmaculado bis de dos temas cimentado por ‘No One Knows’ y una ‘A Song For The Dead’ de lo más devastadora, cimentada por un Theodore en estado de gracia.

Faltó ‘Mexicola’ (solicitada por el menda lerenda a Josh a media tarde y listada en el setlist oficial) y alguna que otra pieza más (¿’Sky Is Falling’ quizás?), pero lo de ayer fue otro ejercicio de “savoir faire” en el que Queens Of The Stone Age constataron, una vez más, que existe cierta cohesión armoniosa entre su stoner de antaño y aquel rock anfibio que tanto les agrada hacer desde la era “…Like Clockwork. Además de eso, también lo del Alma Festival sirvió como clara muestra del “crush” que Homme siente hacia nuestro país.  “I love Spain”, expresaba en el epílogo aludiendo a la Costa Brava y esbozando aquella sonrisa de oreja a oreja que ya divisamos en algunas fases de la actuación, como olvidando momentáneamente sus demonios personales. Esos suspiros, y esas frecuentes miraditas románticas orientadas al cielo barcelonés, eran una prueba tangible de que el amor se palpaba en el ambiente. Pals siempre estará allí para ti, Josh. Y nosotros también.

Fotos: Kevin Zammit (Binaural.es)
Texto: Pablo Porcar



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